Mi historia comenzó hace bastantes años. Una historia que me marcará la vida para siempre, y que a pesar de tener numerosos sucesos que me gustaría borrar, demuestra que aunque te encuentres en las más duras situaciones puedes salir adelante.
Todo empezó en el verano de 2003, yo tenía nueve años y acababan de empezar las vacaciones de verano. Como todos los años estaba entusiasmada con preparar el viaje a la playa con mis padres y mi hermano Jorge, que por aquel entonces tenía cinco años y no hacía más que molestarme; por supuesto, este era solo mi punto de vista.
Un par de días antes de irnos, todo cambió de repente. Me dijeron que no podíamos ir todavía a la Playa y que me tendría que conformar con irme al Pueblo con mi abuela. La idea no me desagradó del todo, pero la verdad es que todos se comportaban de una forma extraña conmigo y con Jorge.
Volví del Pueblo a mediados de julio sin ni siquiera acordarme del motivo por el que me fui; pero nada más entrar a casa me di cuenta de que nada era como antes, algo andaba mal, mi madre no era la de siempre y nunca lo volvió a ser.
Nadie se molestó en explicarme lo que estaba pasando, que era lo que había cambiado en nuestras vidas. Pero la verdad era que en ese fatídico verano, a mi madre le habían diagnosticado un cáncer.
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